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Una noche esa chica, presa del horror, gritaba desesperadamente, rompía objetos y pedía auxilio con todas sus fuerzas. Rápidamente la madre entró al dormitorio y lo único que encontró fue a su hija en un rincón llorando a lágrima viva, cubriendose los ojos y rogando a Dios que "aquello" desapareciera.

A partir de ese momento, esa chica no pudo estar tranquila, siempre con temor, pensando que algo malo estaba cerca de ella. Varias noches transcurrieron sin que pudiera dormir, creía que si no cerraba los ojos nada malo iba a ocurrir pero aún así sucedía otra vez...

Sangre de las paredes comenzaba a escurrir, parecía que terminaría por inundar su habitación, el olor a sangre tan penetrante, las voces, sí, voces de niños jugando, riendo, burlándose de ella o amenazando con matarla. De repente una mujer, la madre de esos niños, sujetándolos con fuerza como si quisiera arrancarles sus pequeños brazos, luego todos ardían como si estuvieran en el infierno...y de nuevo la nada. Una y otra vez ocurría lo mismo. Conforme pasaron los años, la situación fue peor: cada vez más sangre, más niños, ahora los padres tenían sexo con sus hijos, las madres cortaban las cabezas de sus niños y las pequeñas cabezas rodaban por todas partes con una sonrisa en sus pequeños rostros...

La madre sin poder resistir más esa situación, llevó a su joven hija a un hospital donde finalmente fue internada. Desde entonces su vida transcurrió prácticamente dentro de los hospitales, entraba y salía solo para estar en casa unos cuantos días y nuevamente volver al hospital. Pasaron 20 años. Ahora tenía 33 años con 1.70m y 90kg, su madre era ya una débil anciana de apenas 1.40m y si acaso 45kg,fue cuando las conocí.

Las pocas veces que la chica pudo regresar a casa, volvía en menos de una semana pues diariamente volvía el olor de la sangre y los niños degollados; la chica en un intento por escapar de todo aquello varias veces hirió a la madre e incluso la tiró por las escaleras y además trató de suicidarse. Era imposible que permanecieran juntas.

En su último viaje en ambulancia, ella vió escurrir la sangre por las ventanas del vehiculo y tratando nuevamente de escapar, de un jalón hizo trizas la goma que sostiene las micas de esas ventanas, ella trataba de soportar y controlar su temor... pero no podía... era el diablo -como ella le llamaba- que la perseguía. Finalmente, fue trasladada a un Hospital de larga estancia. ¿Cuántos años han pasado de eso? casi 5... pero la sangre, el olor, los niños y esas risas burlonas son tal cual fueron la primera vez a sus trece años de edad.