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Mi caricatura favorita siempre ha sido "El Show de los Looney Tunes". Todos esos buenos recuerdos se convirtieron sangre. Todo inicio así: estaba en e-bay comprando DVDs, cuando me llamó la atención una edición limitada de los Looney Tunes. Compré el DVD ya que había visto todos los episodios, y no recordaba ese. El DVD llegó en una semana. Cuando éste llegó lo metí en mi reproductor de DVD.

El episodio comenzaba con Silvestre sentado sobre un silla, afilando un cuchillo. Silvestre se detuvo cuando el cuchillo estuvo lo suficientemente afilado. Se fue a la sala, mientras que Piolín estaba dormido en su jaula. Silvestre abrió la puerta de la jaula y masticó a Piolín como si nunca hubiese comido. Tenía sangre en la barbilla y plumas del pobre canario, aunque en ningún momento utilizó el cuchillo. La escena cambió muy rápidamente; Silvestre reía mientras le mostraba los huesos al televidente, se veía como si disfrutara de ver la sangre mientras reía a carcajadas.

La escena cambió de nuevo. Esta vez mostraba al Coyote apuntando a una caja de metal sobre el Correcaminos, pero éste último no estaba muerto, sólo un poco lastimado. El Coyote amarró al Correcaminos, tomó una billetera y fue a la casa de Silvestre. El Coyote tocó la puerta y Silvestre la abrió. Al ver al Coyote dijo: "Parece que quieres ver sufrir a tu amigo. ¿Trajiste la lana?". El coyote sacó dinero y se lo dio a Silvestre. Éste comenzó a contar las ganancias. Abracé a mi perrito, que estaba conmigo. El Coyote gritó "¡Hazlo sufrir!", mientras que el Correcaminos gritaba "¡Por favor, no! ¡Pagaré! ¡Déjame ir!". Se me hizo raro que éstos personajes hablaran, ya que nunca lo hacían. El Correcaminos sacó un centavo, sólo logrando que Silvestre riera para después decir: "¿Crees que soy tonto? Con este dinero no puedes comprar ni tu propia comida. ¡Prepárate a sufrir!".

Silvestre comenzó a golpear al Correcaminos entre risas hasta dejarlo sangrando. Luego, Silvestre dijo "Eso fue todo. Si quieres verlo sufrir más, dame más lana". El Coyote sacó dinero, haciendo que Silvestre tome un cuchillo y destripe al Correcaminos. Ambos comenzaron a reír mientras Silvestre metía el cadáver en una bolsa. Acto seguido, el Coyote se fue feliz.